PROPOSICIÓN HIGIÉNICA:
En célebre discusión sobre el aborto, promovida por una facultad de teología, hubo un enfrentamiento respecto al límite de edad en el que aún es permitido el aborto (matar al feto humano)
Un erguido protestante afirmó que era lícito abortar más allá de los siete meses después de la fecundación, un simple católico negó esa posibilidad, un robusto rabino quería sacar de esa contabilidad los días sabáticos y un escéptico prolongó el plazo hasta siete horas después del alumbramiento.
Sin duda alguna la posición más original, insuficientemente aplaudida debido a la intolerancia aborigen, fue la propuesta que hacía lícito matar al muchacho hasta los siete años de edad. Este plausible argumento tenía sólidos criterios a su favor. Por un lado, a esa edad el infante suele ser irracional, sucio, improductivo y bullicioso de contera. Desde el punto de vista legal, no posee ni siquiera cédula de ciudadanía, lo que ante su majestad el Estado lo hace causal decisorio, ya que no hay manera de atestiguar su identidad en forma apropiada.
El abogado que desde la tercera fila protestó contra esas causales justificativas de una eutanasia tranquila y tempranera, tiene rabo de paja al tener tres groseros críos a quienes sus vecinos, ansiosos de una mejor legislación, ven con ánimo contenido.
Toda vez que estas graves recomendaciones de la academia han caído en desuso por ripiosas sensiblerías que hablan, incurriendo en tautología, de los niños como el futuro de la humanidad. Quiero proponer otra solución al incómodo problema de superpoblación planetaria: “Llevar a la cámara de gas a todo aquel que llegue al extremo de cumplir cincuenta años de edad”.
Este amplio plazo de aborto postergado tendrá unánime acogida entre la gente de bien y calma sus escrúpulos de vulnerar los derechos de los menores indefensos.
Cincuenta años es tiempo suficiente para cualquier niño, además de la misma etimología 50= sin cuenta, delata un exceso de quien ya no cuenta.
Por lo demás, la sociedad se vería aligerada de una piñata de vejestorios subversivos, cuya figura misma es la prueba reina de contumacia y terquedad. Se libraría la onerosa carga prestacional de las jubilaciones con su ocio depravador; ampararía al mismo perjudicado de los agravios del tiempo; dígase lo que se quiera, la medicina no prolonga la vida sino la vejez.
Por lo demás, la sociedad se vería aligerada de una piñata de vejestorios subversivos, cuya figura misma es la prueba reina de contumacia y terquedad. Se libraría la onerosa carga prestacional de las jubilaciones con su ocio depravador; ampararía al mismo perjudicado de los agravios del tiempo; dígase lo que se quiera, la medicina no prolonga la vida sino la vejez.
Y que decir del efecto benéfico del gas a los cincuenta en nuestras construcciones metafísicas, pues la persona ya no solo sabe que morirá sino que conocerá la fecha y hora precisa de su defunción; evitando así a todos la actual confusión e incertidumbres reinantes.
Para mayor ilustración de las ventajas, veamos cómo una persona nacida el 28 de abril de 1972, no sólo estaría enterada de que su signo zodiacal es Tauro, sino que además, debe llevar una vida sana y sensata, llena de realizaciones pues irremediablemente, a mas tardar, el 28 de abril de 2022, dará cuenta de ella a su creador.
En contra de esta ley higiénica del planeta, han surgido en su defensa miles de instintos primitivos, todos sin piso jurídico, cuyos argumentos están basados en los sentimientos meramente egoístas de sus expositores, pero las ventajas de la norma del gas saltan a la vista.
Veamos, como por ejemplo la palabra Cochera, se volvería anacrónica, el ahorro en tintura para canas, maquillaje y cirugía para las arrugas podría invertirse en el desarrollo de la parte más pobretona de la humanidad. Ya que como lo han comprobado sesudos investigadores de prestantes universidades en Chicago, “la pobreza es más llevadera con plata”.
Como premio a la paciente tolerancia de vecinos y amigos, se les podría dar la oportunidad de ejecutar a cualquier “moroso” de cincuenta años y un día, por contravenir con las normas y demás reglas de ornato y buenas costumbres. Ellas proporcionarían nuevas connotaciones al pasatiempo “ir de caza”, serviría además como desahogo psicológico a la frustración cotidiana eliminando de paso con el stress producido.
Ventajas académicas: no habría límite al diccionario en cuanto a su enriquecimiento, caso sería el de poder comunicarse directamente con los venerables académicos de la Real Academia Española, para tratar el asunto, mientras hoy esa comunicación se hace por invocación de “Médium” espiritistas debido a la pertinaz longevidad de sus miembros de número.
Entre nosotros ha corrido con fortuna la costumbre de tomar la muerte a mal como si se tratara de un episodio inédito. Esta sería una oportunidad para educar a los mortales en algo no sólo natural sino socialmente aceptado, decente y obligatorio. Es una medida que como toda medida busca controlar el azar descomedido y desaforado del universo.
En nuestras bibliotecas, tan preocupadas por el exceso de estudiantes, se ha debatido con singular altura, problema ecológico de la superpoblación mundial. Los ingenuos creen que el auto dominio humano salvará al planeta de una sobredosis de bípedos televidentes, contaminantes y consumidores con voz y voto. Pero si ese autodominio se hubiese practicado no estaríamos abocados a los “tacos” del tránsito y la actual multitud de desempleados tanto del sector público como del privado.
La historia pues refuta esa esperanza por infundada; tan es así que JHONATAN SWIFT, en su ensayo ético del siglo XVIII intitulado “ Una modesta proposición destinada a evitar que los niños de Irlanda sean una carga para sus padres y país”, proponía como solución de fondo al exceso de niños irlandeses: Cocinarlos y comérselos. Esta fórmula no ha cuajado muy bien en Colombia, país católico como Irlanda. Debido en parte quizá al negativo influjo del vegetarianismo Hindú, tan ajeno a nuestra verdadera idiosincrasia.
Al fijarse la fecha límite de los cincuenta se mitiga así la impotencia del que ha de morir de todos modos, pero ya no ha mansalva sino con razonable antelación, desmintiendo de paso el cursi cumplido de “la edad es algo mental” que delata cierta esclerosis cerebral por reiteración y que suele ser refutado al poco tiempo por él “mi sentido pésame” a los deudos del ex- joven mental. Como no debemos hablar de alma para no herir la delicada susceptibilidad de los incrédulos, vayamos directo al grano; la cámara de gas podría ser accionada por el más meritorio de los agasajados elegido por el mismo grupo onomástico, que en reuniones previas, donde tendrían el gusto de conocerse con los coetáneos de fecha y cámara rompiendo así la mortal soledad que aflige a los ancianos en las ciudades.
Detractores peligrosos: algunos han propuesto postergar la fecha hasta los sesenta años, pero esta blandenguería sólo acumula oposición a la medida, pues el instinto animalesco de aferrarse a la vida crece con la edad, pues exacerba los ánimos de conservación natural. Por esto es imperativo dar cumplimiento a la ley y no dejarse llevar de las observaciones monstruosas que, como en los lagos de la fría Escocia asoman en las mentes tranquilas de personas inofensivas pero razonables.
La exactitud de este caso sirve como norma pedagógica a los niños, ya que han observado 11 mil excitantes asesinatos en la televisión colombiana antes de su primer día de escuela, es ético además, que se acostumbren también a la lejana fecha de su deceso anunciado con indiferencia de televidentes.
Los románticos incurables tendrán además de 2 años de agasajos, serenatas y despedidas con pésame incluido, lo que es un alivio pues nos libra de invitados amañados inasequibles al desaliento, esto no más revolucionará la monotonía social sujeta al tedio de los matrimonios y los cumpleaños.
Los cumpleaños añadirían a la unilateral euforia actual de un año más, por la olvidada atención de un año menos y los matrimonios tendrían más chance de cumplir con el “hasta que la muerte los separe”. Los elogios al difunto podrían conocerse de primera mano por éste y no llegarían tardíos como hasta ahora sucede. La presente cursilería que atiborra las columnas fúnebres de los periódicos con frases de cajón, podrían remozarse con palabras más refrescantes como “te llego la hora”.
El lenguaje adquiriría nuevas metáforas y figuras, como “sociedad de los cincuenta” que reemplazaría el eufemismo para cementerio. “Jubilados jubilosos” por “jardines de paz”. A las preguntas en exceso frívolas como las de ¿Qué hora es? Surgirían respuestas como ...más tarde de lo que crees.
No me detendré en las ventajas que tiene convertir los asilos en gimnasios para no espantar a los sedentarios cuyo único ejercicio conocido es acompañar el cadáver de sus amigos atletas al cementerio.
Con la activación de la cámara de gas las gentes de suyo irresponsables con su trayecto vital tendrían un punto de referencia más estable; los psicólogos tan minuciosos en analizar las etapas orales y anales de los impúberes guardan un relativo silencio de lo que ocurre después de la tercera década. Hay que interpretar esa discreta omisión como un pudor expectante y lúcido por la aprobación de esta nueva ley.
Cierto patético sofista, afirmó que la ley del gas tendría que ser optativa para realzar así la hermosa libertad humana. Tan vulgar individualismo apenas si merece respuesta; en abstracto toda persona está en libertad de optar, pero nunca de escoger sus opciones optativas, en este caso, la juiciosa observación demuestra que el optar entre dos males el hombre se queda con ambos: los achaques de la vejez y la muerte. La tan alabada disciplina médica prolonga la primera y no evita la irremediable.
En vano se habla de productividad post cincuenta; Mozart, antes de ese exceso temporal, había ya compuesto el concierto No 4 para violín y orquesta, sin mencionar las diecisiete misas y el réquiem. Einstein había formulado su teoría de la relatividad y CRISTO, (no el de la radio), siendo hijo de “Dios” no quiso aventurarse más allá de los 33.
No es mi deseo aventurar más de la verdad revelada a favor de la propuesta, pero la Biblia tiene razón en esto: “Nada decente ha ocurrido a nadie, después de los cincuenta años”. Por lo demás es dudoso que la eternidad pueda ser alcanzada por quien haya vivido de vicio.
Hasta los más puntillosos defensores de los derechos humanos omiten la palabra edad como motivo de discriminación, lo cuál permite reconciliarlos sin esguinces con nuestra sana norma panificadora, siempre y cuando los gobiernos sean estrictos en enviar a la cámara de gas a todo cincuentón sin parar mientes en raza, credo, partido o sexo. Esto último es vital para evitar acusaciones de discriminación entre las feministas tan justamente susceptibles a estas omisiones; o protestas merecidas por un grupo gay, pues necesitamos gente que nunca nos dé la espalda.
Hay que convenir que en una democracia la mayoría manda y a esa edad, la mayoría ha incurrido en diferentes formas de defunción de las cuáles haré un breve recuento: para no tener que amar se ha casado varias veces, para no tener dudas se ha afiliado a un grupo político, y hasta a osado lanzarse como candidato antes de lo que creía, a esta edad ha tenido la vocación de desencantarse por lo que antes se estremecía, pero también de aprender la norma, la confirmación de la norma y la excepción de la norma, aún si en el proceso se ha perdido a sí mismo, para entonces, durante los años habrá sido tal multitud de personas que de seguro ya no sabe quien es y hay serias sospechas de que tampoco le importa.
Existen peligrosos subversivos contra la política liberadora del gas que las gentes más precavidas ya denunciaron para que se les ponga coto a tiempo; estas formas taimadas de rebelión podrían tener soportes internacionales en casas de maquillaje como Revlon o Maxfactor, que nos contaminan con sus ideas foráneas, para usar el argot castrense tan sensible a las ideas, al punto que las definen como extranjeras siendo criollas; Atención......firmes, pues nuestros militares son los únicos profesionales que toman cursos intensivos de Inteligencia, mientras los demás estamos condenados a vivir con la que madre naturaleza nos brindo de niños.
Pero ¿qué hacer con los inmoderados que ya hayan cumplido cincuenta años al momento de expedirse esta ley de alivio? Hay dos escuelas jurisperitas al respecto, una de ellas exige que sean llevados sin tardanza a la cámara de gas para evitar que el mal ejemplo cunda, fijando así la sociedad un precedente con coherencia ética digna de imitarse por las generaciones venideras; otra sugiere que el remedio sea optativo pues de todos modos esos delincuentes se van a morir eventualmente y además, dado el bestialismo actual de la sociedad, algunos ciudadanos incautos pueden inventar reparos a la oportuna ejecución de sus predecesores por culpables que ellos sean. Para rematar apuntaré que deontológicamente la ley del gas es sublime, pues solo el gran arte sabe poner punto final allí donde el mediocre intenta retoñar en tema exhausto.
[1]
[1] Tomado de cóncavo y convexo MBM /MM
Para mayor ilustración de las ventajas, veamos cómo una persona nacida el 28 de abril de 1972, no sólo estaría enterada de que su signo zodiacal es Tauro, sino que además, debe llevar una vida sana y sensata, llena de realizaciones pues irremediablemente, a mas tardar, el 28 de abril de 2022, dará cuenta de ella a su creador.
En contra de esta ley higiénica del planeta, han surgido en su defensa miles de instintos primitivos, todos sin piso jurídico, cuyos argumentos están basados en los sentimientos meramente egoístas de sus expositores, pero las ventajas de la norma del gas saltan a la vista.
Veamos, como por ejemplo la palabra Cochera, se volvería anacrónica, el ahorro en tintura para canas, maquillaje y cirugía para las arrugas podría invertirse en el desarrollo de la parte más pobretona de la humanidad. Ya que como lo han comprobado sesudos investigadores de prestantes universidades en Chicago, “la pobreza es más llevadera con plata”.
Como premio a la paciente tolerancia de vecinos y amigos, se les podría dar la oportunidad de ejecutar a cualquier “moroso” de cincuenta años y un día, por contravenir con las normas y demás reglas de ornato y buenas costumbres. Ellas proporcionarían nuevas connotaciones al pasatiempo “ir de caza”, serviría además como desahogo psicológico a la frustración cotidiana eliminando de paso con el stress producido.
Ventajas académicas: no habría límite al diccionario en cuanto a su enriquecimiento, caso sería el de poder comunicarse directamente con los venerables académicos de la Real Academia Española, para tratar el asunto, mientras hoy esa comunicación se hace por invocación de “Médium” espiritistas debido a la pertinaz longevidad de sus miembros de número.
Entre nosotros ha corrido con fortuna la costumbre de tomar la muerte a mal como si se tratara de un episodio inédito. Esta sería una oportunidad para educar a los mortales en algo no sólo natural sino socialmente aceptado, decente y obligatorio. Es una medida que como toda medida busca controlar el azar descomedido y desaforado del universo.
En nuestras bibliotecas, tan preocupadas por el exceso de estudiantes, se ha debatido con singular altura, problema ecológico de la superpoblación mundial. Los ingenuos creen que el auto dominio humano salvará al planeta de una sobredosis de bípedos televidentes, contaminantes y consumidores con voz y voto. Pero si ese autodominio se hubiese practicado no estaríamos abocados a los “tacos” del tránsito y la actual multitud de desempleados tanto del sector público como del privado.
La historia pues refuta esa esperanza por infundada; tan es así que JHONATAN SWIFT, en su ensayo ético del siglo XVIII intitulado “ Una modesta proposición destinada a evitar que los niños de Irlanda sean una carga para sus padres y país”, proponía como solución de fondo al exceso de niños irlandeses: Cocinarlos y comérselos. Esta fórmula no ha cuajado muy bien en Colombia, país católico como Irlanda. Debido en parte quizá al negativo influjo del vegetarianismo Hindú, tan ajeno a nuestra verdadera idiosincrasia.
Al fijarse la fecha límite de los cincuenta se mitiga así la impotencia del que ha de morir de todos modos, pero ya no ha mansalva sino con razonable antelación, desmintiendo de paso el cursi cumplido de “la edad es algo mental” que delata cierta esclerosis cerebral por reiteración y que suele ser refutado al poco tiempo por él “mi sentido pésame” a los deudos del ex- joven mental. Como no debemos hablar de alma para no herir la delicada susceptibilidad de los incrédulos, vayamos directo al grano; la cámara de gas podría ser accionada por el más meritorio de los agasajados elegido por el mismo grupo onomástico, que en reuniones previas, donde tendrían el gusto de conocerse con los coetáneos de fecha y cámara rompiendo así la mortal soledad que aflige a los ancianos en las ciudades.
Detractores peligrosos: algunos han propuesto postergar la fecha hasta los sesenta años, pero esta blandenguería sólo acumula oposición a la medida, pues el instinto animalesco de aferrarse a la vida crece con la edad, pues exacerba los ánimos de conservación natural. Por esto es imperativo dar cumplimiento a la ley y no dejarse llevar de las observaciones monstruosas que, como en los lagos de la fría Escocia asoman en las mentes tranquilas de personas inofensivas pero razonables.
La exactitud de este caso sirve como norma pedagógica a los niños, ya que han observado 11 mil excitantes asesinatos en la televisión colombiana antes de su primer día de escuela, es ético además, que se acostumbren también a la lejana fecha de su deceso anunciado con indiferencia de televidentes.
Los románticos incurables tendrán además de 2 años de agasajos, serenatas y despedidas con pésame incluido, lo que es un alivio pues nos libra de invitados amañados inasequibles al desaliento, esto no más revolucionará la monotonía social sujeta al tedio de los matrimonios y los cumpleaños.
Los cumpleaños añadirían a la unilateral euforia actual de un año más, por la olvidada atención de un año menos y los matrimonios tendrían más chance de cumplir con el “hasta que la muerte los separe”. Los elogios al difunto podrían conocerse de primera mano por éste y no llegarían tardíos como hasta ahora sucede. La presente cursilería que atiborra las columnas fúnebres de los periódicos con frases de cajón, podrían remozarse con palabras más refrescantes como “te llego la hora”.
El lenguaje adquiriría nuevas metáforas y figuras, como “sociedad de los cincuenta” que reemplazaría el eufemismo para cementerio. “Jubilados jubilosos” por “jardines de paz”. A las preguntas en exceso frívolas como las de ¿Qué hora es? Surgirían respuestas como ...más tarde de lo que crees.
No me detendré en las ventajas que tiene convertir los asilos en gimnasios para no espantar a los sedentarios cuyo único ejercicio conocido es acompañar el cadáver de sus amigos atletas al cementerio.
Con la activación de la cámara de gas las gentes de suyo irresponsables con su trayecto vital tendrían un punto de referencia más estable; los psicólogos tan minuciosos en analizar las etapas orales y anales de los impúberes guardan un relativo silencio de lo que ocurre después de la tercera década. Hay que interpretar esa discreta omisión como un pudor expectante y lúcido por la aprobación de esta nueva ley.
Cierto patético sofista, afirmó que la ley del gas tendría que ser optativa para realzar así la hermosa libertad humana. Tan vulgar individualismo apenas si merece respuesta; en abstracto toda persona está en libertad de optar, pero nunca de escoger sus opciones optativas, en este caso, la juiciosa observación demuestra que el optar entre dos males el hombre se queda con ambos: los achaques de la vejez y la muerte. La tan alabada disciplina médica prolonga la primera y no evita la irremediable.
En vano se habla de productividad post cincuenta; Mozart, antes de ese exceso temporal, había ya compuesto el concierto No 4 para violín y orquesta, sin mencionar las diecisiete misas y el réquiem. Einstein había formulado su teoría de la relatividad y CRISTO, (no el de la radio), siendo hijo de “Dios” no quiso aventurarse más allá de los 33.
No es mi deseo aventurar más de la verdad revelada a favor de la propuesta, pero la Biblia tiene razón en esto: “Nada decente ha ocurrido a nadie, después de los cincuenta años”. Por lo demás es dudoso que la eternidad pueda ser alcanzada por quien haya vivido de vicio.
Hasta los más puntillosos defensores de los derechos humanos omiten la palabra edad como motivo de discriminación, lo cuál permite reconciliarlos sin esguinces con nuestra sana norma panificadora, siempre y cuando los gobiernos sean estrictos en enviar a la cámara de gas a todo cincuentón sin parar mientes en raza, credo, partido o sexo. Esto último es vital para evitar acusaciones de discriminación entre las feministas tan justamente susceptibles a estas omisiones; o protestas merecidas por un grupo gay, pues necesitamos gente que nunca nos dé la espalda.
Hay que convenir que en una democracia la mayoría manda y a esa edad, la mayoría ha incurrido en diferentes formas de defunción de las cuáles haré un breve recuento: para no tener que amar se ha casado varias veces, para no tener dudas se ha afiliado a un grupo político, y hasta a osado lanzarse como candidato antes de lo que creía, a esta edad ha tenido la vocación de desencantarse por lo que antes se estremecía, pero también de aprender la norma, la confirmación de la norma y la excepción de la norma, aún si en el proceso se ha perdido a sí mismo, para entonces, durante los años habrá sido tal multitud de personas que de seguro ya no sabe quien es y hay serias sospechas de que tampoco le importa.
Existen peligrosos subversivos contra la política liberadora del gas que las gentes más precavidas ya denunciaron para que se les ponga coto a tiempo; estas formas taimadas de rebelión podrían tener soportes internacionales en casas de maquillaje como Revlon o Maxfactor, que nos contaminan con sus ideas foráneas, para usar el argot castrense tan sensible a las ideas, al punto que las definen como extranjeras siendo criollas; Atención......firmes, pues nuestros militares son los únicos profesionales que toman cursos intensivos de Inteligencia, mientras los demás estamos condenados a vivir con la que madre naturaleza nos brindo de niños.
Pero ¿qué hacer con los inmoderados que ya hayan cumplido cincuenta años al momento de expedirse esta ley de alivio? Hay dos escuelas jurisperitas al respecto, una de ellas exige que sean llevados sin tardanza a la cámara de gas para evitar que el mal ejemplo cunda, fijando así la sociedad un precedente con coherencia ética digna de imitarse por las generaciones venideras; otra sugiere que el remedio sea optativo pues de todos modos esos delincuentes se van a morir eventualmente y además, dado el bestialismo actual de la sociedad, algunos ciudadanos incautos pueden inventar reparos a la oportuna ejecución de sus predecesores por culpables que ellos sean. Para rematar apuntaré que deontológicamente la ley del gas es sublime, pues solo el gran arte sabe poner punto final allí donde el mediocre intenta retoñar en tema exhausto.
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[1] Tomado de cóncavo y convexo MBM /MM
4 comentarios:
USTED CON LA IDEA DE MORIR A LOS 50 AÑOS, QUIERE YA MATARNOS A TODOS CON LA CAMARA DE GAS......
05 abril, 2006 14:29ASÍ ESTAS YA DE ABURRIDO CONMIGO, QUE NO CREES QUE SERAS CAPAZ DE DURAR MÁS CON ESTA RELACIÓN Y QUE NO PASE DE TUS 50 AÑOS.
AMOR ES CHEVERE TU PUNTO DE VER LA MUERTE.
LO QUE PASA ES QUE TENIENDOTE A MI LADO ES DURO QUE TE MUERAS TAN PRONTO Y MAS QUE ESTANDO JUNTOS EL TIEMPO NOS PASA TAN RAPIDO.
TE AMO.
hola, si quieres que te visiten debes tu visitar otros blog y dejar comentarios.
16 abril, 2006 15:02Te invito a visitar mi último post.
Un beso
Il semble que vous soyez un expert dans ce domaine, vos remarques sont tres interessantes, merci.
08 enero, 2011 09:58- Daniel
Muy respetable y con grandes argumentos.Optaría,si fuera posible,por un proceso formativo que desarrolle la capacidad en el ser humano de autoprogramarse neurolinguísticamente como ya me lo has indicado;desvirtuando de esta manera ,la acción de "asesinar",sinónimo de destrucción,que tanto a dañado a nuestro planeta.Podría ser ,más bien,generar en las personas la conciencia de lo que planteas,pero como una decisión individual ,más no una ley.Aún creo que a través de la educación se pueden transformar mentes para la evolución de la raza humana y, también que hay procesos que se pueden lograr a largo plazo.Una transformación que implique una cualificación en cada persona desde temprana edad,para que no se llegue a los cincuenta con la convicción de que se puede lograr luego de esta edad,lo que no en tantos años atrás.Por último,si creo que por medio de la educación se pueden formar seres humanos productivos que dejen huella en el universo ,como lo dice el eslogan de mi colegio.Feliz noche.
24 mayo, 2013 21:24Publicar un comentario