Las Juntas Administradoras del silencio en MEDELLIN
EL VERDADERO PAPEL DE LAS JAL EN EL CONTEXTO MUNICIPAL
La forma más adecuada para entender la democracia, por lo menos desde la perspectiva municipal, es participando activamente de ella; a partir del siglo XIX se ve la democracia representativa como un sistema de instituciones por medio de las cuales el estado pretendía su actuación pública. Hoy cuando hablamos de democracia participativa, pretendemos que ese actuar sea incluyente; actualmente el papel de la inclusión, solo se limita a la capacidad que tiene la administración en la ciudad de Medellín -por lo menos- , para mostrar un derrotero de trabajo realizado por ellos, priorizado frente a la comunidad pero con ingerencia absoluta de ellos, viabilizado únicamente por los técnicos de ellos y ejecutado en su gran mayoría por ellos mismos.
No es cierto como se afirmó en el recinto del Concejo Municipal, que las Juntas Administradoras Locales participáramos en la toma de decisiones, pues aunque si algo está claro acerca de las fallas asiduas de los Ediles de la ciudad, consistentes en su escasa presencia en los consejos consultivos -que obedecen más bien a otro tipo de limitaciones -; unas debido al peso político que ejercen tanto los miembros del Concejo de la ciudad, y otras ejercidas por algunos Secretarios del despacho y sobre todo los mandos medios de la Administración Municipal que emancipan cualquier deseo de participación, dejando a los pocos Ediles, que sí se apropian de los procesos, en el simple rol de firmar actas de asistencia, donde las decisiones ya fueron tomadas antes de la reunión misma y donde además, deja sin piso argumentativo la participación de los procesos del POAI reducida en lo que verdaderamente es el 7% del presupuesto.
No dedicará esta Editorial todas sus líneas a señalar lo que no ha sido, ni mucho menos el deber ser del actuar de lo público en temas de participación, tampoco señalaremos acá el carrusel donde giran la contratación del “Presupuesto Participativo (pp).” instancia principal y razón de ser de las JAL; pues eso se abordará en su debido momento, lo que sí no se posible dejar en blanco, es el esclarecimiento de la posición de la Administración Municipal frente al papel verdadero de las Juntas Administradoras Locales.
No podemos estar de acuerdo, cuando se pasa por alto la decisión del constituyente primario, quienes llenos de esperanza, dejan su voto de confianza en nosotros los Ediles de la ciudad, para que ejerzamos el control político, la veeduría ciudadana y sobre todo para ser el conducto regular entre la comunidad y la Administración Municipal.
Nuestro papel principal no esta ligado a un articulado, pues somos nosotros la voz de un pueblo, nuestro trabajo, invisible la mayoría de las veces, limitado e ingrato, no se reduce a ser presentado en las facultades, no se reduce a lo que rige la norma, pues la decisión del pueblo, supera hasta la Carta Magna; Nuestro trabajo al filo del peligro, bajo las amenazas continuas y la presión de todos los sectores de la sociedad no se puede presentar con un simple “agradezcan que los tenemos en cuenta”. Pues en ese caso diríamos nosotros mismos agradezcan ustedes que les permitimos manejar la ciudad que es nuestra, misma en la cual somos laxos, parcos, viendo como dilapidan nuestros recursos en vino y circo sin protestar, sin decir nada.
La forma más adecuada para entender la democracia, por lo menos desde la perspectiva municipal, es participando activamente de ella; a partir del siglo XIX se ve la democracia representativa como un sistema de instituciones por medio de las cuales el estado pretendía su actuación pública. Hoy cuando hablamos de democracia participativa, pretendemos que ese actuar sea incluyente; actualmente el papel de la inclusión, solo se limita a la capacidad que tiene la administración en la ciudad de Medellín -por lo menos- , para mostrar un derrotero de trabajo realizado por ellos, priorizado frente a la comunidad pero con ingerencia absoluta de ellos, viabilizado únicamente por los técnicos de ellos y ejecutado en su gran mayoría por ellos mismos.
No es cierto como se afirmó en el recinto del Concejo Municipal, que las Juntas Administradoras Locales participáramos en la toma de decisiones, pues aunque si algo está claro acerca de las fallas asiduas de los Ediles de la ciudad, consistentes en su escasa presencia en los consejos consultivos -que obedecen más bien a otro tipo de limitaciones -; unas debido al peso político que ejercen tanto los miembros del Concejo de la ciudad, y otras ejercidas por algunos Secretarios del despacho y sobre todo los mandos medios de la Administración Municipal que emancipan cualquier deseo de participación, dejando a los pocos Ediles, que sí se apropian de los procesos, en el simple rol de firmar actas de asistencia, donde las decisiones ya fueron tomadas antes de la reunión misma y donde además, deja sin piso argumentativo la participación de los procesos del POAI reducida en lo que verdaderamente es el 7% del presupuesto.
No dedicará esta Editorial todas sus líneas a señalar lo que no ha sido, ni mucho menos el deber ser del actuar de lo público en temas de participación, tampoco señalaremos acá el carrusel donde giran la contratación del “Presupuesto Participativo (pp).” instancia principal y razón de ser de las JAL; pues eso se abordará en su debido momento, lo que sí no se posible dejar en blanco, es el esclarecimiento de la posición de la Administración Municipal frente al papel verdadero de las Juntas Administradoras Locales.
No podemos estar de acuerdo, cuando se pasa por alto la decisión del constituyente primario, quienes llenos de esperanza, dejan su voto de confianza en nosotros los Ediles de la ciudad, para que ejerzamos el control político, la veeduría ciudadana y sobre todo para ser el conducto regular entre la comunidad y la Administración Municipal.
Nuestro papel principal no esta ligado a un articulado, pues somos nosotros la voz de un pueblo, nuestro trabajo, invisible la mayoría de las veces, limitado e ingrato, no se reduce a ser presentado en las facultades, no se reduce a lo que rige la norma, pues la decisión del pueblo, supera hasta la Carta Magna; Nuestro trabajo al filo del peligro, bajo las amenazas continuas y la presión de todos los sectores de la sociedad no se puede presentar con un simple “agradezcan que los tenemos en cuenta”. Pues en ese caso diríamos nosotros mismos agradezcan ustedes que les permitimos manejar la ciudad que es nuestra, misma en la cual somos laxos, parcos, viendo como dilapidan nuestros recursos en vino y circo sin protestar, sin decir nada.
Agradezcan ustedes que navegan con el viento aligerado que produce la humildad, la ignorancia y la paciencia de los habitantes de Medellín, que aunque vemos, sentimos y sufrimos sus errores, aún así los callamos, agradezcan ustedes que el aletargamiento de la ciudad impide ver la realidad de lo que sucede, agradezcan ustedes que los Ediles ciudadanos y ciudadanas desempleados y desempleadas que deben alimentar a sus familias, se venden por un plato de lentejas, haciendo una ciudad aguantadora, pero por sobre todo agradezcan ustedes que en el país del Sagrado Corazón nadie habla por temor a ser silenciado.
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