domingo, septiembre 07, 2008

LOS CULTIVOS ILÍCITOS Y LAS CIFRAS EN DÓLARES SEGÚN SALVATORE MANCUSO

Las últimas estimaciones del área cultivada con coca en Colombia han tenido repercusiones políticas importantes. A pesar de la intensa campaña de fumigación y de erradicación manual adelantada por el Gobierno durante el último año, el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI), administrado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), estimó que en el 2007 había 99.000 hectáreas cultivadas con coca, cifra que implica un aumento del 27% con relación a las 78.000 hectáreas estimadas para el año anterior. De acuerdo con la serie del SIMCI, este fue el primer aumento sustancial en el área cultivada desde 1999. Sin embargo, el Presidente Uribe estuvo en desacuerdo con estos resultados y decidió que la ONUDD dejara de administrar el SIMCI.

Las dos fuentes divergentes encargadas de aportar las cifras en Colombia sobre el área cultivada con coca estiman dos valores diferentes; Las Naciones Unidas junto con el Gobierno nacional elaboran una y el gobierno de los Estados Unidos elabora la otra. Ambas series se producen con fotos satelitales complementadas mediante datos de campo que se obtienen en visitas directas o en entrevistas con los residentes. A pesar de la alta tecnología implícita en las fotos satelitales, este instrumento no es tan certero como suele creerse. Su efectividad depende del grado de resolución de las fotos, la cual determina su costo: las fotografías de una zona extensa son baratas pero son menos certeras. Además, los resultados dependen del grado de nubosidad en el momento de la foto.

Según Salvatore Mancuso; quien se encuentra preso en los EEUU, y en declaraciones recientes a la revista semana advierte que “los datos que da el SIMCI de Naciones Unidas son un sistema de monitoreo satelital sobre las regiones donde están cultivadas con cultivos de coca”.

“Que Normalmente esas zonas son parques nacionales naturales y otras son zonas de amortiguamiento o muy cercanas a los parques nacionales naturales, pero en general todas son zonas de bosque húmedo tropical”.

Pretender hacer un monitoreo satelital completo de un área donde existe un bosque húmedo tropical es un imposible técnico por la nubosidad que existe en las regiones. Por eso es muy comprensible cuando el SIMCI le dice a uno que en Córdoba existen 1.200 ó 1.500 hectáreas que se pueden verificar por Internet. Eso no tiene ningún asidero con la realidad afirmó el reo; pues tan solo en Córdoba existen entre 15.000 y 18.000 hectáreas de coca, de las cuales nosotros controlábamos la mitad y la guerrilla la mitad. “Nosotros controlábamos en el departamento de Córdoba unas 7.000 u 8.000 hectáreas que producían 3.500 a 4.000 kilogramos de coca mensuales”.

¿Por qué? Porque una hectárea de coca produce en promedio, medio kilogramo por hectárea mensuales Hay 4 raspas al año, cada tres meses se raspa.

¿Ese promedio aplica para los cultivos en el resto del país?

SM: Es un promedio a nivel nacional. Haciendo un estudio de los cultivos que estaban tanto en Córdoba como en el Catatumbo, como una parte del Sur de Bolívar, se alcanzó a hacer ese estudio y nos arrojó ese dato estadístico.

¿Qué significa? Que los cálculos que tiene el gobierno colombiano en donde dice que en Colombia existen 80.000 a 90.000 hectáreas de coca son falsos. En Colombia existen aproximadamente 160.000 hectáreas de coca y seguirán existiendo toda la vida mientras los programas de erradicación se den en focos diseminados en diferentes regiones.

Existen 160.000 hectáreas que producen mensualmente 80.000 kilogramos que equivalen a 1.000 toneladas al año, que valen US$7.000 millones.

¿De dónde sale la cifra? El campesino se la vende al que la transforma (en general mandos guerrilleros y paramilitares) para vendérsela a los narcotraficantes, entre $2.500.000 y $3.000.000 millones por la base de coca, la transforma, y paga de $400.000 a $450.000 en un laboratorio que hace la transformación, y se la vende a los narcotraficantes a $4.500.000 de pesos.

(...) De cada kilo estarán sacando más o menos otro millón de pesos o quizás un poco más para el tema de corrupción.

¿En esos $4.500.000 ya está incluida la transformación?

SM: Está incluido el precio de la transformación. El campesino se gana $1.000.000 de pesos y éste por transformarla se gana otro millón, porque le toca pagar a quien la transforma y por la transformación le queda como un millón de utilidad al que la transforma para venderla y un millón de pesos al campesino que se la vende a él. Éste se la vende a un narcotraficante, el narcotraficante la exporta. En promedio se gana 10 millones de pesos que equivalen a 5.000 dólares más el valor de la droga, es decir estamos hablando de 7.000 ó 7.500 dólares, es decir alrededor de 14 a 14 millones y medio.

¿Esas cifras se pueden generalizar para todos lo narcotraficantes colombianos?

SM: Significa que al torrente de la economía nacional ingresan anualmente alrededor de 7.000 millones de dólares. ¿Cuánto de eso repatrían? Entre el 80 por ciento y el 90 por ciento lo repatrían, de resto compran propiedades de lujo y “pendejadas” por fuera. Pero de resto ingresa al torrente de la economía nacional.
¿Ese es un comportamiento típico entre los diferentes narcos y las diferentes regiones?

SM: Normalmente dejan muy poco en caleta. Siempre buscan a los gremios económicos que puedan inyectarla al torrente de la economía nacional. Por ejemplo en la bolsa de valores, en finca raíz, en inversiones en cultivos que representan empresarios probos, en el sentido en que tienen experiencia y reconocimiento, que nadie los va a investigar, porque si tenían diez mil hectáreas de caña sembrada y siembran cinco mil hectáreas más, pues nadie los investiga porque esa es su tradición.

SM: (...) lo que pasa es que el negocio del narcotráfico nunca ha sido completamente de la autodefensa ni de la guerrilla, es de los narcotraficantes…

Hasta 1999 las dos series diferían muy poco; la fuente de ambas era el gobierno americano y el colombiano apenas modificaba las estimaciones. A partir de 1999 se estableció el SIMCI, que produce estimaciones independientes de las del gobierno americano, y desde entonces las dos series difieren de manera sustancial. En 1999 y 2000 los estimativos del gobierno americano fueron menores que los del SIMCI, pero a partir del 2001 el SIMCI ha mostrado una disminución en las áreas cultivadas mucho mayor que las que estima el gobierno americano. En el 2006 la diferencia fue enorme: la estimación del área cultivada hecha por el SIMCI fue la mitad de la de Estados Unidos. Además, en el 2001, 2004 y 2006 una serie muestra una disminución mientras que la otra indica un aumento.

¿Por qué difieren las estimaciones?

De entrada, la naturaleza ilegal de los cultivos de coca, amapola y marihuana hace difícil estimar el tamaño de los cultivos. Estos tienden a ubicarse en zonas de difícil acceso y alejadas de los centros urbanos, donde los campesinos tratan además de camuflarlos. Frecuentemente los cultivos ilícitos se mezclan con cultivos lícitos y en ocasiones se ubican a la sombra de árboles frondosos para dificultar su detección.

Las dos fuentes usan diversos satélites, algunos con mejor resolución que otros, como ya se señaló. En ambos casos se toma una muestra con los satélites de mejor resolución y se usan satélites menos costosos para cubrir el resto. Ambas fuentes efectúan una comparación de las áreas fotografiadas por las dos clases de satélites para luego hacer una proyección a las zonas dónde solo existen fotos de los satélites menos certeros. En el 2007 las Naciones Unidas ampliaron su cobertura a todo el territorio, lo cual explica en parte el aumento registrado; los Estados Unidos aún no cubren la totalidad del territorio.

Ambas series son estimativos que requieren diversos supuestos para llegar a una cifra final. En casos como estos, cualquier estimación rigurosa debería presentar un rango, es decir, una cifra mínima y una máxima en lugar de una cifra única. En principio, sin saber que tan válidos son los supuestos adoptados para obtener un valor único, no es posible determinar si el promedio de las cifras mínimas y máximas sería la “mejor” estimación. En rigor, sería muy útil, además, hacer un análisis de sensibilidad para identificar la magnitud de los cambios en las estimaciones generadas por cambios en cada supuesto.

Infortunadamente hay un conflicto entre lo riguroso y lo políticamente correcto. Cuando se mencionan estos problemas metodológicos a los encargados de hacer las estimaciones, su respuesta es simple: conocemos los problemas pero a los políticos y burócratas involucrados en la formulación y evaluación de las políticas no les gustan los rangos, ellos demandan un valor único.

¿Se erradica más de lo que había?

Independientemente de las diferencias entre ambas series, las cifras sobre cultivos ilícitos presentan contradicciones muy grandes con otras informaciones acerca de los cultivos ilegales. En particular, la contradicción entre las cifras sobre el área de cultivos de coca y las de erradicación es enorme. A partir del año 2000, la erradicación ha sido el arma principal en la lucha contra las drogas ilegales. En particular, la fumigación aérea ha sido intensa y generalizada. Las cifras sobre fumigación, sin embargo, han sido distorsionadas de manera sustancial. En los documentos oficiales del gobierno colombiano, del norteamericano y de Naciones Unidas la fumigación se equipara con la erradicación. Esto produce incongruencias enormes Así, en cada uno de los últimos 6 años en Colombia se ha “erradicado” más coca de la que había sembrada. Si se aceptan las cifras oficiales, según Naciones Unidas y el gobierno colombiano, en 2006 se erradicaron cerca de tres veces más hectáreas de la que tenían cultivos de coca. En 2007 esta cifra fue sólo un poco más del doble.

Al respecto es importante tener en cuenta que las plantas de coca pueden dar su primera cosecha a los 8 meses de plantadas. Sin embargo, esa cosecha es muy pequeña, aproximadamente un 20% de lo que daría una planta madura, de 24 a 36 meses. Aún si existe un replante muy activo (Naciones Unidas lo estima en unas 76.000 hectáreas durante el 2007) cabe preguntarse ¿de dónde sale la coca para producir cocaína? Al aceptar las cifras sobre el área cultivada con coca y sobre el área erradicada de Naciones Unidas, la conclusión es que COLOMBIA NO TIENE MATERIA PRIMA PARA PRODUCIR COCAÍNA. Usando las cifras del gobierno americano la conclusión es semejante aunque no tan contundente.

¿Las Cifras son infladas?.

Las cifras sobre erradicación están muy sobreestimadas.Las de erradicación manual son más confiables, porque este método es más efectivo que la aspersión aérea; el gobierno colombiano erradicó manualmente más de 66.000 hectáreas de coca en el 2007- es decir el 85% de las hectáreas estimadas a finales de 2006; Pero en el mismo año el gobierno “erradicó” 153.133 hectáreas con la aspersión aérea, cuando en realidad una hectárea asperjada no es una hectárea erradicada. De hecho, la efectividad de la aspersión puede ser baja, aunque nadie tiene certeza sobre qué tan baja (o qué tan alta) pueda ser. En efecto, los campesinos han desarrollado estrategias para proteger los plantíos contra la fumigación: poda rápida después de la fumigación, que les permite usar las hojas de coca y esperar el retoño del plantío; selección de plantas que han sobrevivido la fumigación y que han mostrado resistencia a ella; rocío de las plantas con diversas sustancias para evitar que el Glifosato sea absorbido. Además, los fumigadores han aprendido que la fumigación no tiene una efectividad de 100% y fumigan la misma hectárea varias veces, aunque cuentan cada fumigación como una nueva hectárea.

En conclusión, las cifras sobre el tamaño de los cultivos y sobre la erradicación son profundamente inconsistentes y contradictorias. Es notable que, pese a reconocer que las cifras no son confiables, los funcionarios de Naciones Unidas las aceptan con el argumento de que no tienen competencia para cuestionar los datos que reciben del gobierno Y así, los informes oficiales proyectan una imagen de certeza que dista muchísimo de ser válida.

De hecho, se sabe mucho menos de lo que se pretende saber sobre estos temas. Al punto que si las cifras son ciertas, Colombia no estaría produciendo cocaína. Las cifras sobre erradicación exageran enormemente los logros y rememoran los famosos “body counts” de enemigos muertos durante la guerra de Vietnam para dar la impresión de que Estados Unidos estaba ganando la guerra. Pues ahora pareciera que se trata de dar la impresión de que se va ganando en la “guerra contra las drogas.”

¿Qué hacer?

Es importante tener buenas cifras sobre la extensión de los cultivos ilícitos, la efectividad de las campañas de erradicación, la confiscación de insumos químicos, cocaína, heroína, etc. Sin embargo, todas estas cifras tienen consecuencias políticas importantes, lo cual da pie a muchas presiones para politizar las cifras.

La pregunta entonces es ¿qué puede hacerse para mejorar la calidad de las estimaciones?

Esta pregunta no tiene respuesta fácil. Para empezar, sugiero que se haga énfasis sobre las contradicciones entre las varias fuentes y se insista en que los responsables presenten cifras que al menos sean consistentes entre sí. En otras palabras, que las cifras sobre cultivos ilícitos y erradicación sean consistentes, que lo mismo se exija para las cifras sobre producción de cocaína, incautación de cocaína y precios en los principales mercados. De manera semejante, insistir en la necesidad de que los productores de datos presenten rangos en vez de cifras que dan la impresión de certeza en una situación realmente incierta. Mientras tanto, cualquier análisis de las cifras debe hacerse con mucha cautela y cualquier analista debe dedicar mucho tiempo y esfuerzo al estudio de las metodologías usadas para la producción de los datos.


Fuentes: *REVISTA SEMANA
** REVISTA RAZÓN PÚBLICA

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