LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN COLOMBIA
Bien es sabido y sufrido por todos, el desastre desde tiempos remotos que existe en la educación Colombiana, primero por que tradicionalmente y desde su origen ha estado en manos inadecuadas y segundo por que pasó de dichas manos a unas mucho más ambiciosas que dejaron del oscurantismo oficial que rigió las aulas a comienzos de la colonia para convertirse en una máquina productora de papel moneda, lejos de lo que debe ser su espíritu esencial basado en la investigación y la ciencia.
Fueron los Jesuitas, los pioneros en establecer en claustros las normas básicas de la escuela Europea en nuestro país; llenos de cuentos inverosímiles entre el terror y el pecado, ellos poco a poco fueron adoctrinando el aborigen latinoamericano y colombiano. Pero como es natural las cosas que mal empiezan tienden a empeorar, pues con la expulsión de los Jesuitas quedamos a expensas de los regidores y tiránicos virreyes; que entre criollos y chapetones impulsaron una insípida educación basada en el bienestar de la Corona Española.
Pasado el tiempo vino la Santa Inquisición que además de adoctrinar y ajusticiar educó a sangre y terror a todos los ilustres padres de la patria; -no en vano estamos como estamos-. Ellos que aprendieron con sangre y exacerbada disciplina aplicaron todos sus métodos esta vez no en la piel de sus alumnos pero sí en la chequera de sus padres.
Solo hasta en el Siglo XIX fue permitida la educación Laica en el País; allí y por antonomasia aparece la educación pública, que lejos de sacarnos del atolladero, se convirtió en caldo de cultivo a medidos del siglo pasado en la cuna de revolucionarios, que alentados por los sucesos latinoamericanos del momento emprendieron la tarea quijotesca de arrebatarle el poder a sangre y fuego a un estado plenipotenciario enquistado en el poder desde la llegada de los mismos Jesuitas; cosa que como es lógico suponer no han logrado ni lo podrán lograr.
Todo esto sucede al mismo tiempo que crece por fuera de las instituciones una educación paralela, la llamada “Universidad de la Vida”, esa que apunta de hambre, pobreza, indignación y muerte, alentó a miles de jóvenes colombianos a enrolarse en la delincuencia organizada, primero y por causa de la bonanza marimbera, ejércitos completos de hombres se concentraron en la sierra nevada de Santa Marta y desde allí enviaron al exterior toneladas de Marihuana que ya para los años 70’s eran el vicio preferido usado por todos los hijos de los ilustres padres de la patria que fueron educados por los Jesuitas. Ya no en claustros, pues era bien visto matricularlos en la Universidad del Rosario, o en la UPB, o muchas otras de corte clerical.
Pero la bonanza prosperó a tal punto que estos adictos no conformes con fumarla, ellos mismos decidieron exportarla y es así como nace la pugna entre los potentados con tarjeta profesional para sus exportaciones –léase profesionales- y el mismo ejército andrajoso que no tenia oportunidad de ingresar al recortado y escaso cupo de las becas representadas en el organismo máximo del crédito educativo ICETEX puesto que los créditos y el instituto han sido dirigidos y controlados por los mismos ilustres hijos que fumaban marihuana y cuyos abuelos y padres habían sido educados por los Jesuitas
Allí entre los hijos de los ilustres y los delincuentes organizados, comienza una nueva lucha por el poder, el control de rutas, la posesión de las tierras para los cultivos que esta vez y gracias a los gustos del consumidor extranjero y a los estupendos dividendos se cambió la marihuana por la cocaína.
Al obtener mayores dividendos se perfeccionó el armamento, los medios de exportación y hasta se envió al exterior a muchas personas para que se educaran no en la ciencia sino en la guerra. Entre tanto y desde aquel lejano periodo se vivía en los campos colombianos una guerra que aún hoy no termina. Todo por que la educación nunca ha sido lo que debe ser.
Ya en nuestros días, aparece un caudillo “educado” en el exterior con el caudal de los excedentes en papel moneda de tan magnifico negocio, un demagogo de derechas que mucho más preocupado por resolver el problema decide a expensas de los colombianos y con el dinero de estos, que es hora de hacer algo – una nueva guerra – como sí 60 años no fueran suficientes; para lo cual incluye invadir países vecinos, gastar un elevado presupuesto en el aumento del gasto militar y meter al país en una polarización sin precedentes desde la época de Santander y Bolívar estos últimos también educados por los mismos Jesuitas. Todo con el fin de justificar la compra de arsenales militares que los estados unidos ya no usa por viejos y obsoletos, pero que los vende a precio de garita por ser para un país aliado. De lo cual nuestro adelantado y muy bien preparado caudillo recibe jugosas sumas de dinero como porcentaje de la compra venta de armas, equipos, aeronaves y por supuesto municiones.
Así las cosas la educación en nuestro país lleva doscientos años de historia y ni uno solo de gloria, aunque si bien es cierto que existen en Colombia hombres y mujeres muy letrados y letradas cabe agregar que tuvieron que prepararse en el exterior donde sus ilustres padres de la patria tuvieron a bien costearles gracias a los favores políticos de los ilustres ahora nietos y biznietos de los padres de la patria educados por los Jesuitas.
Colombia a diferencia de países vecinos en vía de expansión económica quienes invierten elevados presupuestos en investigación científica no podrá superar su escoyo; mientras Perú invierte U$100 dólares por cada estudiante matriculado en la universidad, Colombia por cada mil estudiantes matriculados invierte U$1 dólar. Así es imposible competir ni mucho menos poder decir algo de la educación colombiana.
Fueron los Jesuitas, los pioneros en establecer en claustros las normas básicas de la escuela Europea en nuestro país; llenos de cuentos inverosímiles entre el terror y el pecado, ellos poco a poco fueron adoctrinando el aborigen latinoamericano y colombiano. Pero como es natural las cosas que mal empiezan tienden a empeorar, pues con la expulsión de los Jesuitas quedamos a expensas de los regidores y tiránicos virreyes; que entre criollos y chapetones impulsaron una insípida educación basada en el bienestar de la Corona Española.
Pasado el tiempo vino la Santa Inquisición que además de adoctrinar y ajusticiar educó a sangre y terror a todos los ilustres padres de la patria; -no en vano estamos como estamos-. Ellos que aprendieron con sangre y exacerbada disciplina aplicaron todos sus métodos esta vez no en la piel de sus alumnos pero sí en la chequera de sus padres.
Solo hasta en el Siglo XIX fue permitida la educación Laica en el País; allí y por antonomasia aparece la educación pública, que lejos de sacarnos del atolladero, se convirtió en caldo de cultivo a medidos del siglo pasado en la cuna de revolucionarios, que alentados por los sucesos latinoamericanos del momento emprendieron la tarea quijotesca de arrebatarle el poder a sangre y fuego a un estado plenipotenciario enquistado en el poder desde la llegada de los mismos Jesuitas; cosa que como es lógico suponer no han logrado ni lo podrán lograr.
Todo esto sucede al mismo tiempo que crece por fuera de las instituciones una educación paralela, la llamada “Universidad de la Vida”, esa que apunta de hambre, pobreza, indignación y muerte, alentó a miles de jóvenes colombianos a enrolarse en la delincuencia organizada, primero y por causa de la bonanza marimbera, ejércitos completos de hombres se concentraron en la sierra nevada de Santa Marta y desde allí enviaron al exterior toneladas de Marihuana que ya para los años 70’s eran el vicio preferido usado por todos los hijos de los ilustres padres de la patria que fueron educados por los Jesuitas. Ya no en claustros, pues era bien visto matricularlos en la Universidad del Rosario, o en la UPB, o muchas otras de corte clerical.
Pero la bonanza prosperó a tal punto que estos adictos no conformes con fumarla, ellos mismos decidieron exportarla y es así como nace la pugna entre los potentados con tarjeta profesional para sus exportaciones –léase profesionales- y el mismo ejército andrajoso que no tenia oportunidad de ingresar al recortado y escaso cupo de las becas representadas en el organismo máximo del crédito educativo ICETEX puesto que los créditos y el instituto han sido dirigidos y controlados por los mismos ilustres hijos que fumaban marihuana y cuyos abuelos y padres habían sido educados por los Jesuitas
Allí entre los hijos de los ilustres y los delincuentes organizados, comienza una nueva lucha por el poder, el control de rutas, la posesión de las tierras para los cultivos que esta vez y gracias a los gustos del consumidor extranjero y a los estupendos dividendos se cambió la marihuana por la cocaína.
Al obtener mayores dividendos se perfeccionó el armamento, los medios de exportación y hasta se envió al exterior a muchas personas para que se educaran no en la ciencia sino en la guerra. Entre tanto y desde aquel lejano periodo se vivía en los campos colombianos una guerra que aún hoy no termina. Todo por que la educación nunca ha sido lo que debe ser.
Ya en nuestros días, aparece un caudillo “educado” en el exterior con el caudal de los excedentes en papel moneda de tan magnifico negocio, un demagogo de derechas que mucho más preocupado por resolver el problema decide a expensas de los colombianos y con el dinero de estos, que es hora de hacer algo – una nueva guerra – como sí 60 años no fueran suficientes; para lo cual incluye invadir países vecinos, gastar un elevado presupuesto en el aumento del gasto militar y meter al país en una polarización sin precedentes desde la época de Santander y Bolívar estos últimos también educados por los mismos Jesuitas. Todo con el fin de justificar la compra de arsenales militares que los estados unidos ya no usa por viejos y obsoletos, pero que los vende a precio de garita por ser para un país aliado. De lo cual nuestro adelantado y muy bien preparado caudillo recibe jugosas sumas de dinero como porcentaje de la compra venta de armas, equipos, aeronaves y por supuesto municiones.
Así las cosas la educación en nuestro país lleva doscientos años de historia y ni uno solo de gloria, aunque si bien es cierto que existen en Colombia hombres y mujeres muy letrados y letradas cabe agregar que tuvieron que prepararse en el exterior donde sus ilustres padres de la patria tuvieron a bien costearles gracias a los favores políticos de los ilustres ahora nietos y biznietos de los padres de la patria educados por los Jesuitas.
Colombia a diferencia de países vecinos en vía de expansión económica quienes invierten elevados presupuestos en investigación científica no podrá superar su escoyo; mientras Perú invierte U$100 dólares por cada estudiante matriculado en la universidad, Colombia por cada mil estudiantes matriculados invierte U$1 dólar. Así es imposible competir ni mucho menos poder decir algo de la educación colombiana.
0 comentarios:
Publicar un comentario