martes, marzo 15, 2011

(Hiroshima, Nagasaki ni narimashita Fukushima).

JAPÓN Y SU NUEVA TRAGEDIA:
Parece que todo y todos se unieran en contra de mi pueblo hermano nipón, resulta increíble cómo no sólo hemos padecido el ataque de dos explosiones con bomba nuclear, ahora afrontamos una nueva tragedia que desemboca con otra fuga radioactiva con consecuencias aún incalculables.
Muy aparte de la tragedia social, material y en vidas humanas que por supuesto afectarán la moral nipona es menester realizar un análisis económico del estado financiero actual, no sin antes repasar la “foto” de la situación un par de días antes de la tragedia.
Para empezar debemos considerar una población de 134 millones de personas (antes de la tragedia) cuyo país cierne la deuda pública más alta de todos los países del G7, es decir los más ricos y poderosos del mundo; sumado a ello uno de los países con mayor longevidad, lo que agrava la situación desde diversos puntos de vista empezando por el manejo del fondo de pensiones, seguido por la expectativa de sus grandes multinacionales y finalizando en la cotización en la bolsa pues el Nikkei arrastra sus pares en Frankfurt, Londres y Nueva York.
Uno de los principales problemas con los cotizantes de pensión nipona, es que a partir del cierre del año, es decir (31 de marzo 2011) saldrían a vender sus bonos del tesoro a cambio de comprarlos, lo que invierte su posición en el mercado, lo anterior con el fin de sustentar la gran deuda, puesto que esto requería de grandes inversionistas dispuestos a financiarla, mismos que en Japón suplían con los programáticos y conservadores cotizantes japoneses ya mencionados, con un cálculo cercano a los 1,4 billones de dólares y con cerca de un 70% para sustentar dicha deuda, lo que en suma representa una deuda pública cerca a un billón de dólares aproximadamente.
Así se permitía una rentabilidad baja sin afectar directamente al gobierno nipón. Ahora bien como los “nuevos Cotizantes” hacen gala del Baby boom asiático, los bajos intereses ven su fin, por ello debían convertir el ahorro en deuda y con mucho menos cotizantes además con mayor interés. Por lo tanto, si se quería mantener los inversores antiguos cotizantes, se debía pagar mucho más intereses y se crea una pirámide imposible de sostener.
Con ésta radiografía no se supone entre líneas que el terremoto, tsunami y posterior tragedia radioactiva se conviertan en la tabla de salvación, pues es necesario entrar a analizar el manejo que le dio el país hermano a la tragedia de KOBE (tan solo 7 puntos en la escala de Richter), máxime si se considera que son la Nación más organizada del mundo para atender ese tipo de desastres.
Recordemos pues que para KOBE dos puntos de la escala de Richter por debajo del desastre actual, el yen tuvo su recuperación en tan solo un año, para refrescar la memoria de los lectores KOBE arrojó al YEN hasta 8% por debajo de los índices que marcó en diciembre de 1994 y ya en diciembre de 1995 mostraba cifras de recuperación superiores al 8% y más. Claro hace 16 años la penetración en el mercado americano de las firmas constructoras de vehículos no estaban a los topes que mostraron hasta un par de días antes de la tragedia, pero hoy las expectativas están mostrando dinámicas diferentes.
Hoy y muy a pesar de la tragedia, es necesario “repatriar” los capitales al estilo de un nuevo “Plan Marshall”, con el fin de reconstruir el país, lo que a la postre disminuirá el flujo de divisas en EEUU y en los paraísos fiscales que perderán poder adquisitivo y dispararán la inflación. En términos globales la nube radioactiva no solo será química pues el crack económico pude llegar a lugares remotos e insospechados.
En otras palabras y en términos económicos, la tragedia se puede calcular en unos 500.000 millones de dólares, mismos que dejarán de rodar por el mundo para concentrarse en la reconstrucción de la Nación. Así las cosas la reconstrucción durará mucho más del año que demoró después de KOBE.
Más allá de los cálculos financieros viene otra predicción, pues lamentablemente no es el único terremoto esperado, aún faltan dos siendo el último definitivo; recuerden que he pronosticado el colapso Japonés en menos de 80 años y luego de eso su eterna peregrinación flotando en aguas internacionales alrededor del mundo, hechos narrados en mi próximo libro a publicarse que ya está en manos del editor.
Solo resta determinar cuál será el papel de Colombia en ese nuevo escenario, pues una vez la nación nipona esté en su eterno divagar podríamos adoptar una posición hegemónica suministrando el sustento vital a los “flotantes” como su despensa natural. Pero eso se narra mejor en el libro.

Datos y cifras en: Thomson Reuters DataStream / Merrily Linch Global equality strategy, Bloomberg.

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